El presidente de Colombia, Gustavo Petro, se retractó públicamente de las declaraciones en las que calificó a varias periodistas como “muñecas de la mafia”, una frase pronunciada meses atrás y que generó una fuerte controversia en el país. Durante un reciente consejo de ministros, el mandatario reconoció que sus palabras fueron inapropiadas y ofreció disculpas, reabriendo el debate sobre la relación entre el poder político y la libertad de prensa en Colombia.
La polémica se remonta al 30 de agosto de 2024, durante la posesión de la defensora del Pueblo, Iris Marín. En ese momento, Gustavo Petro lanzó fuertes críticas contra algunos sectores mediáticos y utilizó la expresión “muñecas de la mafia” para referirse a periodistas del país, comentario que fue rechazado por organizaciones defensoras de la libertad de prensa, medios de comunicación y distintos actores políticos.
Meses después, en medio de un consejo de ministros realizado este 19 de mayo, el jefe de Estado decidió retractarse públicamente. Petro afirmó que no debió utilizar ese término y aseguró que sus palabras fueron ofensivas para las periodistas mencionadas y para el ejercicio periodístico en general.
La rectificación llega en un momento donde la tensión entre el Gobierno y varios medios de comunicación sigue siendo tema central en el debate público. Diversos sectores consideran que el lenguaje utilizado por figuras de poder puede influir directamente en la percepción y seguridad de los periodistas, especialmente en un país donde la prensa ha enfrentado amenazas históricas.
Por otro lado, seguidores del mandatario interpretaron las disculpas como un gesto de autocrítica y una señal de distensión frente a las constantes confrontaciones políticas y mediáticas que han marcado parte de su gobierno.
Expertos en comunicación política consideran que la retractación del presidente podría ayudar a disminuir la polarización alrededor del debate mediático en Colombia. Sin embargo, también señalan que las palabras de los líderes políticos tienen un impacto profundo en la opinión pública y pueden aumentar la desconfianza hacia el periodismo.
Organizaciones como la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) han insistido en la importancia de proteger el trabajo de los comunicadores y evitar discursos que puedan poner en riesgo su labor.
La controversia vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de mantener un diálogo democrático entre el Gobierno y los medios, donde la crítica, la investigación y la libertad de expresión sigan siendo pilares fundamentales de la democracia colombiana.









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